jueves, 22 de diciembre de 2011
UN MILLÓN DE LECTORES PERDEMOS ADN PLUS, 60 TRABAJADORES DESPEDIDOS
domingo, 16 de octubre de 2011
HUFFINGTON ENTRA EN CONSEJO DE EL PAÍS
Arianna Huffington se incorpora al Consejo de EL PAÍS
La entrada de la fundadora del 'Huffington Post' afianza el objetivo del periódico de responder a los retos de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de la información
EL PAÍS | Madrid 17/05/2011
La periodista estadounidense Arianna Huffington se incorporará al Consejo de Administración del diario EL PAÍS, que preside Juan Luis Cebrián. La entrada de esta nueva consejera refleja la vocación global del periódico y afianza su objetivo de responder a los retos de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de la información.
La estadounidense de origen griego Arianna Huffington (Atenas, 1950) revolucionó el escenario de la información digital con la fórmula de The Huffington Post, la web líder de noticias y opinión, creada en 2005. Tras la reciente adquisición de The Huffington Post por el grupo AOL, fue nombrada presidenta y directora de The Huffington Post Media Group, que incluye, además, TechCrunch, AOL Music, Engadget, AOL Moviefone, StyleList y la plataformas de noticias locales Patch. Arianna Huffington es una de las personas más influyentes en el escenario internacional de la comunicación, la revista Time la ha incluido este año, por segunda vez, en la lista anual que elabora de las 100 personas más influyentes
"La incorporación de Arianna a nuestro Consejo ayudará a potenciar la transformación digital de El País y aumentará el peso internacional de nuestro periódico", señala Juan Luis Cebrián, presidente de la Comisión Ejecutiva del Consejo y consejero delegado de PRISA. "Es una gran noticia para los lectores del mismo y una satisfacción poder contar con ella en una etapa tan crucial de la historia de nuestro diario", destaca Cebrián.
EL PAÍS, el periódico global en español, es líder mundial de la prensa diaria en dicha lengua, y la referencia del periodismo en el ámbito latinoamericano. Su primer número se publicó el 4 de mayo de 1976, y sus fundadores lo definieron como un periódico independiente, de calidad, de vocación europea y defensor de la democracia pluralista. Hoy, 35 años después, está presente en los principales mercados hispanohablantes en papel, en Internet, en cualquier formato electrónico y a través de las redes sociales.
El Consejo de Administración de El País, presidido por Juan Luis Cebrián, está formado por José Luis Sainz Díaz, Jesús Ceberio Galardi, Jean-Marie Colombani, Joaquín Estefanía Moreira, Ignacio Polanco Moreno, José B. Terceiro Lomba y Matías Cortés Domínguez.
sábado, 24 de septiembre de 2011
MILAGROS PÉREZ OLIVA: "CADA VEZ MÁS, Y MÁS DE PRISA"
MILAGROS PÉREZ OLIVA
Cada vez más, y más deprisa
Muchos de los errores que señalan los lectores se deben a carencias en el sistema de supervisión. El diario ha de afrontar nuevos retos informativos con menos recursos
MILAGROS PÉREZ OLIVA 18/09/2011
Los "errores y horrores de agosto" han pinchado un nervio. Mi artículo del pasado domingo ha provocado un intenso debate en la redacción, cosa que celebro porque tal vez de ello pueda derivarse algún beneficio para los lectores. En los últimos días he recibido cartas y llamadas de lectores y redactores de EL PAÍS preocupados por el deterioro de la calidad de algunos textos. Muchos me piden que profundice en las causas. También he recibido una carta del comité de empresa, que discrepa de los factores que, a la espera de un mayor desarrollo, apuntaba al final del artículo: un problema de exigencia individual, de supervisión y de formación. El comité considera que "achacar los errores a la falta de exigencia individual y de formación supone un ataque al honor profesional de la redacción". Cree, en cambio, que el aumento del número de errores se debe a que "las decisiones empresariales que se han tomado en los últimos años han desembocado en una falta de medios para garantizar la calidad del producto (por ejemplo, los correctores prácticamente han desaparecido)" y a que los redactores soportan "cada vez mayor carga de trabajo".
Nunca he considerado desdeñables los condicionantes estructurales. Al contrario. A veces son incluso decisivos. Pero creo que también hay un ámbito de responsabilidad individual que no debe ignorarse y al que, de hecho, los lectores apelan en primer lugar. En la página de la Defensora en Elpais.com pueden encontrar la opinión de muchos de los lectores que me han escrito sobre este tema, algunos para señalar nuevos errores.
Miguel Ángel de la Rubia, por ejemplo, deploraba el mismo domingo que en el artículo La década que alumbró el ocaso se hablara de "descubrimientos astrológicos": "La verdad es que dicho artículo parece un buen trabajo, pero es una lástima encontrar una errata así en un reportaje tan destacado (páginas 3, 4 y 5) sobre un asunto de tanta actualidad como el décimo aniversario de los atentados del 11-S. ¿De verdad el autor no conoce la diferencia entre lo que hace Rappel y lo que hacen los astrónomos en sus observatorios? ¿De verdad nadie ha releído el artículo antes de publicarlo?".
Otro lector, Vicente Herrero González, periodista jubilado de Salamanca, apela a la responsabilidad individual: "Me dirijo a usted para expresarle mi tranquilidad por su claro compromiso en defensa del lector. Su artículo ha venido a confirmar, y al mismo tiempo denunciar, una realidad que desde hace tiempo vengo comprobando y que me hace daño. (...) Errores y faltas de ortografía, deterioro en el uso del lenguaje, pies y titulares que se cambian y confunden, falta de rigor, de calidad y de amor por el trabajo y por hacer las cosas bien". Y termina invitándome a "definir" las causas de este deterioro.
No resulta fácil, porque intervienen diversos y complejos factores. Pero empecemos por lo básico, el dominio del lenguaje. Los errores que aparecen en los textos los cometen periodistas. ¿Escribir con faltas de ortografía y errores de sintaxis no es un problema de formación, en un periodista? ¿No debería ser esa la primera competencia que acreditar? Los lectores lo tienen muy claro. He observado que algunos errores se repiten con más frecuencia que otros, lo cual indica que algunas carencias pueden estar localizadas. Sugiero que se haga durante un tiempo un seguimiento de las faltas de ortografía para identificar quiénes las cometen y darles así la oportunidad de mejorar su formación en ese aspecto.
Muchas de las quejas que recibo son por textos con frases incomprensibles, problemas de concordancia o datos contradictorios. El examen de esas piezas indica que el error procede del mal ensamblaje de materiales de diversa procedencia o de modificaciones introducidas en el texto sin advertir que la nueva redacción incurría en contradicciones o errores. Eso significa que el redactor no ha repasado lo que ha escrito antes de publicarlo. Creo que es responsabilidad del periodista revisar el artículo hasta estar seguro de que es correcto. La prisa o la falta de medios pueden explicar algunos errores, pero no todos, según he podido comprobar, pues muchas de las noticias que han provocado quejas no presentaban ninguna urgencia. Hay además un dato que considero muy significativo: una elevada proporción de los textos mal redactados no llevan firma. ¿Hay diferente nivel de exigencia personal según se firme o no la pieza? Creo que es una buena pregunta para la reflexión.
Una vez redactado, el recorrido de un texto debería incluir algún tipo de supervisión formal. Porque el redactor más exigente y mejor formado puede cometer errores. Y porque no todas las informaciones están redactadas por periodistas especializados. De hecho una parte de las quejas se refieren a errores que implican desconocimiento de la materia de la que se informa. Hay pues, claramente, un problema de supervisión y aquí sí creo que intervienen factores estructurales.
Algunos redactores interpretaron que las tres causas que apunté en mi artículo se referían exclusivamente a la edición digital. No. Se referían a todo el diario. Pero es cierto que la edición digital es más vulnerable frente a los errores. No es una apreciación subjetiva. Me baso en que recibo muchas más quejas por errores en la edición digital que en la impresa. Ello tiene que ver sin duda con la gran cantidad de material que se produce, pero también con la forma en que se trabaja, con la prisa y la falta de control. Tanto el director adjunto Vicente Jiménez como Guillermo Altares, redactor jefe de la edición digital, admiten un problema de supervisión. Altares me ha confirmado que en algunos textos el control de edición se hace a posteriori. Es decir, los artículos se publican tal como los deja el redactor. Siendo así, parece claro que es necesario habilitar un mecanismo eficaz de supervisión.
Algunas de las carencias tienen que ver también con la coyuntura de crisis que vive la prensa escrita. En el caso de los diarios, los planes de ajuste están llevando a prescindir preferentemente de los periodistas con mayores salarios, que suelen ser también los más experimentados. El resultado es una pérdida global de masa crítica en experiencia y conocimiento, y también de memoria colectiva en las redacciones.
Estos recortes se producen justo cuando los periódicos han de afrontar el desafío digital, que exige producir información en mayor cantidad y con mayor rapidez que nunca. La redacción de EL PAÍS ha sufrido también una importante merma de sus efectivos, justo en el momento en que afronta un aumento sin precedentes de la cantidad de información que producir.
En estos momentos la redacción está en pleno vuelco organizativo. Hasta ahora, toda la estructura estaba centrada en la elaboración de la edición impresa, mientras un equipo se ocupaba específicamente de la edición digital. En adelante, toda la actividad pivotará sobre la web. Esta reorganización permitirá que la edición digital se beneficie más del mayor nivel de especialización de los periodistas de las diferentes áreas. Pero seguirá habiendo prisas y, por tanto, tensión entre rapidez y calidad.
¿Importa mucho ser los primeros en dar una noticia? "Sin duda, importa mucho", responde el director adjunto Vicente Jiménez. "El lector que nos sigue en Internet quiere recibir la información de un acontecimiento en cuanto se produce. Pero también quiere que sea segura y esté bien redactada", añade. "Tenemos un gran desafío por delante, porque hemos de aumentar la cantidad de información y, al mismo tiempo, la calidad. Y todo ello en un momento de dificultades económicas y escasez de recursos".
La aceleración en los tiempos de decisión que comporta el soporte digital plantea, pues, un nuevo desafío: cómo combinar inmediatez y calidad, rapidez y especialización. Ofrecer información completa y extensa en el momento en que se produce y con la calidad que esperan nuestros lectores exige periodistas que reúnan una alta capacidad resolutiva y un alto grado de especialización. Y también mecanismos eficaces de supervisión.
viernes, 17 de junio de 2011
MUTANTE THE GUARDIAN
'The Guardian' da prioridad a la edición digital frente a la de papel
En los próximos meses el diario tendrá menos páginas y sus contenidos se basarán más en análisis y extensos reportajes que en noticias del día
WALTER OPPENHEIMER - Londres - 16/06/2011
El diario londinense The Guardian ha decidido dar prioridad a la edición digital frente a la de papel, según han anunciado hoy a sus empleados el director del periódico, Alan Rusbridger, y el consejero delegado de la empresa editora, Andrew Miller. Aunque el diario no se ha puesto una fecha para dejar de editarse en papel, a partir de ahora desviará recursos de esta edición a la digital. En los próximos meses, el diario de papel de lunes a viernes se reorganizará: tendrá menos páginas y sus contenidos se basarán más en análisis y extensos reportajes de fondo que en noticias del día. QUE, ENTONCES, PASAN A SER PRIVILEGIADAS POR LA EDICIÓN DIGITAL: CAMBIO RAZONABLE, PUESTO QUE EL DIGITAL ADMITE LA ACTUALIZACIÓN CONTÍNUA Y LA COMPETENIA ENTRE DIGITALES ENCUENTRA EN ESTA ACTUALIZACION CONTINUA EL CRITERIO PRIMORDIAL PARA LA EVALUCIÓN COMPARATIVA. PERO LA NOTICIA INMEDIATA SUELE ENCONTRARSE MÁS EN LA RADIO -TRADICIONAL O DIGITAL- QUE EN EL DIGITAL. Más adelante se reformará también la edición del sábado y el dominical The Observer.
"Vamos a ir más allá del diario, cambiando el enfoque, los esfuerzos y las inversiones hacia lo digital, porque ese es nuestro futuro", ha declarado Rusbridger ante la redacción. El grupo "se está embarcando en una transformación que nos va a ver cambiar de una organización basada en lo impreso a una en la que lo digital es lo primero tanto en la filosofía como en la práctica", según Miller.
La edición digital del Guardian tiene un gran éxito de público. Alcanzó en mayo los 50 millones de lectores mensuales únicos y los 2,8 millones de lectores únicos diarios, según cifras no auditadas divulgadas por el diario. Sin embargo, ese éxito de público aún no se ha transformado en beneficio económico. Los ingresos en el año fiscal que acabó en marzo cayeron un 10% y se situaron en torno a los 200 millones de libras (228 millones de euros), provocando unas pérdidas de unos 35 millones de libras (40 millones de euros), según cifras no oficiales publicadas por los medios británicos.
Y, a pesar del éxito de público, la operación digital no está exenta de interrogantes económicos: los ingresos de la edición digital solo suponen ahora entre 35 y 40 millones de euros y la empresa espera que alcancen los 90 millones en cinco años. Menos de la mitad de los ingresos totales actuales. Pero, aunque esas cifras pueden invitar a plantearse la rentabilidad de esa estrategia digital, los defensores de la edición de papel se encuentran con el problema de la caída de la circulación y de los ingresos publicitarios. CON ESTOS ARGUMENTOS SUPONGO QUE VENDRÁ EL DIGITAL TOTAL O PARCIALMENTE DE PAGO.
En ese marco de crisis estructural, el director del Guardian ha defendido hoy ante la redacción que la primacía de lo digital "es una tendencia inexorable". Es decir, si hay alguna forma de crecer en el futuro es a través de la edición digital. The Guardian espera crecer en particular en Estados Unidos, de donde proceden ya ahora cerca del 25% de sus lectores digitales. Recientemente nombró a Janine Gibson para liderar en Nueva York a un equipo encargado de preparar una operación exclusivamente digital. El objetivo no es solo captar lectores en ese mercado, sino entrar en un mercado publicitario de precios más altos.
La prioridad que se va a dar a la edición digital tiene entre sus objetivos el recorte de gastos en la edición impresa para reducir las actuales pérdidas a un nivel de entre 10 y 15 millones de libras anuales (entre 11,5 y 17 millones de euros), considerado aceptable. Hay que tener en cuenta que The Guardian no necesita dar beneficios para sobrevivir. La supervivencia del diario está garantizada por Scout Trust, propietario único de Guardian News & Media y de Guardian Media Group, que dispone de un cartapacio de inversiones en paralelo a la actividad de The Guardian. Pero los actuales niveles de pérdidas no son sostenibles.
El recorte de gastos se va a buscar reduciendo costes de impresión de la edición de papel y probablemente exigirá un nuevo recorte de plantilla, OBVIO aunque este no debería afectar a sus 650 redactores. PERO SÍ A COLABORADORES EXTERNOS?
La estrategia de cambios en la edición de papel tiene también una base puramente periodística. CUESTIÓN CLAVE: PARA EMPEZAR EL DÍA, ESCUCHEMOS LA RADIO, QUE NO NOS ATA AL IMPRESO NI AL RECEPTOR DE TELEVISIÓN: INMEDIATA, LA RADIO ES TAMBIÉN EL MEDIO MÁS PORTABLE QUE PUEDE CAMBIAR DE UNOS A OTROS LUGARES. "Solo un 4% de nuestros lectores leen la edición de papel para enterarse de las noticias por la mañana. Leen el diario por la noche en lugar de hacerlo durante el día", afirma Andrew Miller en unas declaraciones a paidContent:UK, un diario económico digital en la órbita del Guardian. Conclusión: hay que ofrecer a ese lector un diario basado más en el análisis que en la noticia caliente. CLARO QUE ABUNDAN NOTICIAS POSTERIORES A LA SALIDA DEL DIARIO QUE ROMPEN LA VIGENCIA DEL ANÁLISIS PUBLICADO.